Barcelona: La Ciudad de las Bombas

Barcelona: La Ciudad de las Bombas

A finales del siglo XIX, Barcelona fue conocida internacionalmente como la Ciudad de las Bombas, periodo que podemos ver representado en una pequeña escultura de Gaudí que forma parte de la fachada de la Sagrada Familia. Se trata de una figura diabólica entregando una bomba a un obrero, pero ¿por qué Gaudí habrá decidido agregar esta figura a su obra? ¿Qué pasó para que Barcelona fuera renombrada como la Ciudad de las Bombas?

Para poder responder estas preguntas, es necesario hacer un breve repaso de las etapas del movimiento obrero español, así como de los acontecimientos sociales y religiosos que ocurrieron en Barcelona.

Primera etapa: la formación del movimiento obrero en España

En la primera mitad del siglo XIX, el movimiento obrero apenas estaba sentando las bases que iban a ser recorridas debido a los conflictos entre obreros y patronos, especialmente en Cataluña, que fueron ocasionados por la revolución industrial, mientras que los postulados de Marx, Engels, Bakunin y Proudhon llegaron a España.

Esto dio origen al primer sindicato y la celebración de la primera huelga general de España, los cuales tenían como objetivo mejorar las condiciones laborales de los obreros en las fábricas.

En 1855, el movimiento obrero todavía era muy incipiente y desorganizado ya que las manifestaciones se desarrollaban clandestinamente. No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX que el obrerismo español entra a una etapa más activa y organizada para intentar establecer un régimen democrático en España, creando así la Revolución de Septiembre y el Sexenio Democrático, conocidos como La Gloriosa.

Paralelamente, a nivel internacional, fue fundada la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), cuyo objetivo era coordinar los esfuerzos de la clase obrera en contra del sistema económico capitalista, influyendo en las particularidades locales de España.

Segunda Etapa: La consolidación del anarquismo en España

Dentro de la AIT estaban conviviendo dos sectores predominantes: el primero, consistía en organizar partidos políticos obreros centralizados para conquistar el poder mediante la dictadura del proletariado marxista (postura de Marx); y, el segundo, estaba en contra de la creación de partidos políticos porque defendía a las asociaciones entre los diferentes movimientos, los cuales debían ser autónomos y, por tanto, anarquistas (postura de Bakunin).

Sin embargo, en 1872, hubo una ruptura entre ambas doctrinas, lo cual supuso el triunfo del marxismo al expulsar el sector anarquista de la AIT.

Pese a estos hechos, a diferencia de la AIT y el resto de Europa, cuando se fundó la Federación Regional Española en 1870, esta terminó defendiendo la doctrina anarquista. Se cree que esto pudo haber sido debido a la llega de Giuseppe Fanelli a España, quien presuntamente empezó a difundir el programa de Bakunin en nombre de la AIT. Por otro lado, también existe la teoría de que en realidad la causa por la que se tomó esta tendencia fue por el propio contexto español, ya que La Gloriosa, en 1860, había fracasado en sus intentos de establecer un régimen democrático, dando paso a la dinastía borbónica en España y a la ilegalización del movimiento obrero nuevamente.

Por último, autores afirman que la “vía política” que propuso Marx nunca llegó a ser atractiva para los sectores obreros ya que los sectores estaban relacionados a un desengaño general de la clase trabajadora. Pero, independientemente del motivo por el que haya pasado, el anarquismo en España fue difundido.

Tercera etapa: La propaganda por el Hecho

En las últimas dos décadas del siglo XIX, las minorías anarquistas europeas tomaron acciones más directas contra el Estado, haciéndose más relevante debido a los atentados mediáticos denominados como “Propaganda por el Hecho”, los cuales consistían en huelgas, sabotajes, destrucción de edificios e intentos de asesinato. Estas prácticas se realizaban ya que este tipo de propaganda pretendía despertar las energías rebeldes del pueblo y tener más repercusión.

Entre las acciones más relevantes que se llevaron a cabo, se encuentran los múltiples intentos de asesinato al rey de España Alfonso XII y al káiser Guillermo I de Alemania, así como el asesinato del zar Alejandro II de Rusia, la duquesa Isabel de Baviera y el rey de Italia Humberto I.

Evidentemente, la Propaganda por el Hecho terminó llegando a Barcelona ya que fue la primera ciudad en industrializarse y en organizar el movimiento obrero en España, además de haber establecido su preferencia anarquista durante la fundación de la Federación Regional Española.

El origen de la ciudad de las bombas y la obra de Gaudí

Entre 1884 y 1890, se ejecutaron atentados en la ciudad utilizando alrededor de 60 explosivos conocidos como “Bombas Orsini” contra los representantes militares, la burguesía de la ciudad y contra la Iglesia Católica, acabando con la vida de aproximadamente 40 personas civiles.

Las Bombas Orsini se activaban con el contacto de una de las puntas resaltantes que estaban llenas de fulminato de mercurio. A pesar de que parecía ser un sistema complicado, lo cierto es que eran sencillas de realizar. Incluso circulaban manuales anarquistas que explicaban cómo preparar estos explosivos.

Y así fue como Barcelona la renombraron como la Ciudad de las Bombas, convirtiéndose en el símbolo de la violencia anarquista de la ciudad, que está representado en la obra de Gaudí en la Sagrada Familia.

Gaudí, desde su postura católica, interpretó los sucesos que estaban ocurriendo en la ciudad por medio de la escultura que llamó “La tentación del hombre” en la que se puede observar cómo una figura diabólica entrega una bomba Orsini a un obrero anarquista. Para Gaudí, toda la violencia que causó la Propaganda por el Hecho no fue más que una obra del diablo.

Cabe destacar que la Sagrada Familia es un templo expiatorio, es decir, toda su obra fue construida para redimir los pecados del hombre y esta fue la manera que encontró Gaudí para inmortalizar la situación.

Al final, la Propaganda por el Hecho solo es una pequeña parte de la historia del movimiento obrero y nunca terminó de tener el efecto deseado. Al contrario, logró aumentar la represión del Estado, quienes buscaban erradicar por completo el anarquismo.

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