La Catedral de Barcelona es uno de esos edificios que invita a levantar la vista. Sus pináculos, esculturas y detalles esculpidos la convierten en un auténtico museo al aire libre. Entre sus muchos elementos arquitectónicos, hay uno que suele pasar desapercibido, pero que esconde una historia fascinante: la gárgola del unicornio.
Sí, has leído bien. Un unicornio. Entre las decenas de gárgolas que decoran el ábside de la Catedral, se encuentra esta criatura mítica, tan vinculada a cuentos de hadas como al simbolismo cristiano medieval. Pero ¿por qué está ahí? ¿Qué significa? ¿Y qué nos dice sobre la forma en la que la Edad Media entendía el mundo? Hoy te lo contamos todo en Entrespacios.

Antes de hablar del unicornio en sí, hace falta entender qué son las gárgolas. A pesar de su apariencia monstruosa o fantástica, estas figuras no tienen un origen mágico ni decorativo. En realidad, son sistemas de drenaje. Su función era canalizar el agua de lluvia desde los tejados hasta el exterior, alejándola de los cimientos de las iglesias y catedrales para evitar filtraciones y daños estructurales.
La forma alargada del cuello de muchas gárgolas no es caprichosa: cuanto más sobresale del edificio, más lejos arroja el agua. Pero en algún punto del siglo XIII, con el auge del arte gótico, los arquitectos y escultores se permitieron cierta libertad creativa. Lo que antes era una simple canaleta se convirtió en un lienzo para la imaginación.
Así aparecieron dragones, monos, leones, serpientes, cabras, mujeres, monstruos y, por supuesto, unicornios. Según algunos estudios, la Catedral de Barcelona tiene más de 150 gárgolas —aunque nosotros no las hemos contado—, y muchas de ellas representan animales reales o míticos.

Las gárgolas góticas no estaban solo para decorar. Aunque su función era práctica, también cumplían un propósito simbólico y didáctico. La mayoría de estas figuras grotescas se colocaban en el exterior del templo, como si estuvieran atrapadas fuera de la salvación divina.
¿La idea? Representar a las almas condenadas, expulsadas del espacio sagrado por sus pecados. Eran, al mismo tiempo, advertencia y protección: recordatorios visuales de lo que ocurre si uno se aparta del camino correcto.
Por eso muchas personas se sorprenden al ver figuras tan monstruosas en un edificio religioso. Pero no están dentro, sino fuera. La Iglesia medieval entendía el mundo como una lucha entre el bien y el mal, y las gárgolas eran parte de ese relato. Algunas representaban pecados capitales, otras eran caricaturas de personajes conocidos, y otras —como el unicornio— respondían a significados más complejos.
Para entender por qué hay un unicornio en la Catedral de Barcelona, tenemos que mirar los bestiarios medievales. Estos eran manuscritos ilustrados que recopilaban descripciones de animales reales y fantásticos, junto con enseñanzas morales basadas en la teología cristiana. Según estos textos, cada criatura del mundo tenía una función determinada por Dios, y por tanto podía servir para enseñar algo sobre la fe o la conducta humana.
En los bestiarios, el unicornio era un animal real, sin ningún tipo de ironía. Aparecía descrito en fuentes clásicas, orientales e incluso bíblicas. Algunos lo imaginaban como un caballo con un solo cuerno; otros decían que tenía cuerpo de cabra, o de buey. Lo único constante era el cuerno único y su carácter indomable.
Se creía que el unicornio era tan esquivo y veloz, que nadie podía atraparlo… salvo una doncella virgen, ante la cual se volvía manso. Por eso, en el imaginario medieval, el unicornio simbolizaba la pureza, la castidad y, en algunas interpretaciones religiosas, incluso a Cristo mismo.

La gárgola del unicornio está ubicada en la zona del ábside de la Catedral, una de las partes más ornamentadas del edificio. Esta zona, curiosamente, parece un zoológico medieval: hay toros, elefantes, perros, cerdos, carneros… y sí, también un unicornio. Todos ellos tomados directamente del repertorio de los bestiarios.
En la Edad Media, la mayoría de las personas no había visto nunca un elefante en su vida. ¿Cómo iban a dudar de la existencia de un unicornio si aparecía en libros, sermones, arte y leyendas? Además, en algunos mercados medievales se vendían supuestos cuernos de unicornio (que en realidad eran colmillos de narval) a precios altísimos, con la promesa de que curaban enfermedades o traían buena suerte.
En este contexto, el unicornio no era una fantasía, sino un símbolo poderoso. Representaba lo inalcanzable, lo puro, lo divino. Y tenía todo el sentido del mundo que decorara una catedral.
Hoy, el unicornio sigue muy presente en nuestra cultura, aunque con un giro completamente distinto. Ya no representa la pureza o la castidad, sino más bien la fantasía, la imaginación, lo alternativo, incluso lo queer. Es el animal nacional de Escocia. Está en películas infantiles, camisetas, memes y, cómo no, en el catálogo de emoticones, justo al lado del caballo y la abejita.
Y sin embargo, hay algo profundamente simbólico en que esta criatura siga presente. En un mundo que parece haberlo visto todo, que duda de todo y donde casi nada sorprende, el unicornio nos recuerda que la imaginación también es patrimonio cultural. Que hubo una época en la que lo real y lo fantástico convivían sin conflicto. Y que aún hoy, cuando levantamos la vista en la Catedral de Barcelona y lo encontramos allí, en piedra, entendemos que no todo está perdido.



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