Monasterio de Pedralbes: la obra de dos mujeres que marcaron la historia de Barcelona
A lo largo de la historia, los grandes monumentos suelen asociarse a nombres de reyes, arquitectos o mecenas. Sin embargo, el Monasterio de Pedralbes, una joya del gótico catalán en Barcelona, no puede entenderse sin la influencia decisiva de dos mujeres: la reina Elisenda de Montcada, que impulsó su fundación en el siglo XIV, y Sor Eulàlia Anzizu, que lo rescató y restauró siglos más tarde. Ambas, desde contextos muy diferentes, contribuyeron a que hoy podamos admirar este espacio único, mezcla de espiritualidad, arte e historia.
En este artículo vamos a recorrer la historia del Monasterio de Pedralbes desde esta perspectiva femenina, mostrando cómo la voz de las mujeres, a menudo invisibilizada en los relatos oficiales, dejó huella profunda en la cultura y el patrimonio de Barcelona.
Un monasterio singular en la Barcelona medieval
El Real Monasterio de Santa María de Pedralbes se construyó en el siglo XIV en las afueras de la ciudad, en un espacio tranquilo y apartado. Su nombre procede del latín Petras Albas (“piedras blancas”), en referencia al terreno donde se levantó.
Pero ¿qué es un monasterio? Se trata de un edificio en el que una comunidad de monjes o monjas vive de forma conjunta, siguiendo reglas de vida específicas. En el caso de Pedralbes, se trata de un monasterio de monjas clarisas, una orden femenina fundada en 1212 por Santa Clara de Asís junto a San Francisco.
Las clarisas vivían en claustro y pobreza absoluta, dedicadas al rezo y la contemplación. Su función no era predicar, como la de los franciscanos, sino actuar como intermediarias entre la sociedad y Dios, sosteniendo con su vida austera y oraciones el destino espiritual de la comunidad.
En este contexto, a comienzos del siglo XIV, una reina marcaría el destino de Pedralbes.
Elisenda de Montcada: la reina que fundó Pedralbes
Elisenda de Montcada (1292–1364) pertenecía a una de las familias más poderosas de Cataluña. Se convirtió en la cuarta esposa de Jaume II de Aragón, treinta años mayor que ella y ya con numerosos hijos, lo que hacía imposible que tuviera un papel político real en la sucesión. Sin embargo, su figura fue mucho más que decorativa.
Cultivada, profundamente religiosa y con gran capacidad de iniciativa, Elisenda decidió fundar un monasterio donde retirarse tras la muerte de su esposo. Jaume II apoyó la idea y en 1327, poco antes de fallecer, se inauguró oficialmente el Monasterio de Pedralbes.
Elisenda se instaló en un palacio anexo al monasterio, donde vivió 37 años, participando activamente en la vida de la comunidad, aunque nunca tomó votos de clausura. El monasterio se convirtió en un centro espiritual y político, ya que nobles y consejeros acudían a escucharla.
Su mayor legado, sin embargo, fue artístico. Gracias a su mecenazgo, Pedralbes se transformó en uno de los mejores ejemplos del gótico catalán:
- El claustro gótico, uno de los más grandes del mundo.
- La Capilla de San Miguel, decorada por Ferrer Bassa, conocido como el “Giotto catalán”.
- La iglesia del monasterio, que alberga el sepulcro de Elisenda, con un curioso doble retrato: hacia la iglesia aparece como reina, hacia el claustro como viuda penitente.
Elisenda murió en 1364, a los 72 años. Tras su fallecimiento, el monasterio quedó bajo la protección del Consell de Cent, la institución de gobierno de la ciudad de Barcelona, lo que demuestra la importancia que adquirió como centro religioso y patrimonial.
Del esplendor al deterioro
A lo largo de los siglos, el monasterio sufrió las consecuencias de las guerras y los conflictos de Barcelona. En varias ocasiones, las monjas tuvieron que abandonar la clausura por motivos de seguridad. El paso del tiempo y la falta de recursos también afectaron a la conservación del edificio.
Así, al llegar al siglo XIX, Pedralbes estaba en un estado de deterioro evidente. Y fue entonces cuando otra mujer, procedente de un contexto muy distinto, asumió la tarea de rescatarlo.
Sor Eulàlia Anzizu: la monja que lo restauró
Nacida como Mercè Anzizu Vila en 1868, provenía de una familia adinerada de banqueros y comerciantes. Huérfana desde muy joven, quedó bajo la tutela de su tío, el conde Eusebi Güell, célebre mecenas de Antoni Gaudí.
Mercè creció en un ambiente cultural privilegiado, participó en los círculos literarios de la Renaixença y viajó por Europa, donde reforzó su interés por la religión. A los 20 años decidió ingresar en el Monasterio de Pedralbes y adoptó el nombre de Sor Eulàlia Anzizu.
Su papel fue decisivo:
- Catalogó y estudió los archivos del monasterio, dejando escritos fundamentales como Fulles històriques del Real Monestir de Santa Maria de Pedralbes.
- Escribió biografías religiosas, tradujo textos franciscanos y cultivó su afición a la poesía.
- Sobre todo, dedicó su fortuna personal a restaurar el monasterio, impulsando reformas arquitectónicas de la mano de Joan Martorell, uno de los arquitectos más importantes de la época.
Además, creó un pequeño museo interno con objetos antiguos del convento, contribuyendo a valorar su patrimonio histórico y artístico. Sor Eulàlia murió en 1916, con solo 48 años. No llegó a ser abadesa, pero su labor fue fundamental para que Pedralbes no desapareciera y se reconociera como un monumento de gran valor cultural.
Pedralbes hoy: un museo vivo
Actualmente, el Monasterio de Pedralbes es un museo abierto al público. Aunque las monjas clarisas aún residen en un convento anexo, el conjunto principal puede visitarse, permitiendo descubrir cómo era la vida en clausura.
El Monasterio de Pedralbes es mucho más que un monumento gótico: es el resultado de la visión y el esfuerzo de dos mujeres separadas por cinco siglos, pero unidas por la misma convicción. Elisenda de Montcada lo fundó y lo convirtió en un referente espiritual y artístico; Sor Eulàlia Anzizu lo rescató del deterioro y lo devolvió a la vida.
Su historia nos recuerda que, aunque a menudo invisibilizadas, las mujeres han desempeñado un papel esencial en la construcción del patrimonio cultural. Visitar Pedralbes es también rendir homenaje a estas protagonistas olvidadas que hicieron posible una de las joyas arquitectónicas más bellas de Barcelona.
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