Coincidiendo con la inauguración del Año Gaudí 2026, la Casa Pairal ha vivido una transformación que va más allá de la simple restauración. Bajo la guía de Guillem Molons, restaurador, conservador de arte y comisario del espacio, el edificio se ha convertido en un relato vivo de los primeros años de Gaudí, donde cada objeto, color y detalle conecta con sus orígenes en Riudoms.
El blauet: el primer color de Gaudí
La entrada de la casa se ha recuperado en su tono original: un azul cobalto conocido como blauet, típico de muchas casas rurales tarraconenses. Este color no solo refrescaba el zaguán y ahuyentaba insectos, sino que, al mirar cada mañana por la puerta, el joven Gaudí empezaba a internalizar la sensibilidad cromática que más tarde usaría en la Casa Batlló y en otros edificios.
Objetos que cuentan historias: litera y cuadro de Agustina Sobrino
En la misma entrada se añadieron un litera de hierro del siglo XIX, procedente del Mas de la Calderera, y un cuadro de gran formato de Agustina Sobrino, elaborado con sábanas antiguas y una cruz de madera. Este conjunto refleja la dimensión personal y religiosa de Gaudí, su relación con la familia y la espiritualidad cotidiana que moldeó su creatividad. Las calderas: herencia de oficio y visión espacial Se han puesto en valor dos calderas que, según la tradición oral, fueron fabricadas por su padre. Protegidas con metacrilato y situadas sobre pedestales, recuerdan que el taller familiar no era solo un espacio de trabajo, sino una escuela de geometría y de pensamiento tridimensional, donde Gaudí aprendió a traducir planos en volumen.
La Riera de Maspujols: la naturaleza como inspiración
Dentro de una vitrina se ha recreado un fragmento de la Riera de Maspujols, con ramas, líquenes, piedras y caracoles. Estos elementos, que el joven Gaudí observaba con atención, muestran cómo la naturaleza del entorno inmediato alimentó su lenguaje arquitectónico: formas orgánicas, estructuras resistentes y un detallismo que combina función y estética.
La vida cotidiana en el siglo XIX
A lo largo de toda la casa se han incorporado utensilios domésticos, lámparas de gancho y otros objetos de uso corriente cedidos por la familia Molons Sierra. Este mobiliario permite al visitante imaginar cómo era la rutina y el ambiente de la infancia de Gaudí, y cómo cada estímulo cotidiano pudo influir en su sensibilidad y creatividad.
Maquetas y modernismo
La colaboración con la Sagrada Familia ha permitido añadir maquetas de rosáceas, capiteles, columnas y ventanales, así como reproducciones de cuadros de Joan Llimona, conectando la infancia rural con la proyección modernista de su obra. Este diálogo muestra cómo el aprendizaje temprano y el contacto con el arte contemporáneo se integran en su lenguaje arquitectónico.