
Plaza Cataluña de Barcelona: 5 secretos que no conocías
Plaza Cataluña esconde murallas medievales bajo tierra, marcas de la Guerra Civil y esculturas que pasan desapercibidas. Cinco secretos de la plaza más transitada de Barcelona.
En la montaña de Montjuïc se alza un museo que guarda uno de los mayores tesoros artísticos de Cataluña: la colección de arte románico del MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya). Una muestra única en el mundo, que reúne más de 300 metros cuadrados de pintura mural procedente de pequeñas iglesias del Pirineo catalán. Pero detrás de esta joya cultural no solo hay arte: hay historia, decisiones polémicas y un debate aún abierto sobre el papel de los museos y la conservación del patrimonio.
En esta entrada no hablaremos del MNAC en general, sino de su sección más emblemática… y también la más discutida. ¿Cómo llegó este arte medieval a un museo en Barcelona? ¿Fue un acto de preservación o un despojo? ¿Cómo se expone hoy un arte religioso, simbólico y profundamente vinculado a su contexto original? Vamos a descubrirlo.

Para entender el origen del arte románico del MNAC, primero hay que entender el contexto cultural de la ciudad a finales del siglo XIX. Mientras en ciudades como Madrid las colecciones reales pasaban a formar parte de los museos nacionales —como ocurrió con el Prado—, Barcelona no contaba con una institución artística de primera línea.
Todo cambió a partir de las Exposiciones Universales de 1888 y 1929 y del auge del catalanismo cultural, especialmente con el movimiento de la Renaixença. Las élites intelectuales de la ciudad se dieron cuenta de que Barcelona necesitaba su propio gran museo de arte. Pero si no había una colección real que musealizar… ¿qué se podía hacer?
La respuesta fue crearla. Y, curiosamente, uno de los núcleos más importantes de esa nueva colección vendría no de un palacio, sino de pequeñas iglesias escondidas en los Pirineos catalanes.

A principios del siglo XX, el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner —sí, el mismo de la Casa Lleó Morera y el Palau de la Música— realizó varias expediciones por los Pirineos junto con miembros del Centre Excursionista de Catalunya. Durante esos viajes, documentaron una serie de iglesias rurales del siglo XI y XII que conservaban en su interior pinturas murales de estilo románico.
Estas imágenes, casi olvidadas, estaban pegadas a los muros de templos perdidos entre montañas. Domènech i Montaner hizo dibujos, fotografías y apuntes con la intención de publicar una gran monografía, que nunca llegó a ver la luz. Sin embargo, sus hallazgos despertaron un enorme interés entre historiadores, coleccionistas… y también especuladores.
Fue así como en 1907 se organizó una expedición más rigurosa: la Expedición Histórico-Arqueológica del Instituto de Estudios Catalanes. El objetivo era claro: catalogar y proteger este patrimonio antes de que desapareciera. Pero el interés creciente por estas obras coincidió con el auge del mercado internacional del arte… y ahí comenzó el conflicto.





La situación era delicada. En ese momento no existía una legislación clara que impidiera la venta de pinturas murales. De hecho, algunas ya habían sido adquiridas por coleccionistas extranjeros. Un ejemplo claro es el ábside de la iglesia de Santa Maria de Mur, que terminó en el Museum of Fine Arts de Boston.
Para evitar nuevas pérdidas, entre 1919 y 1923 las autoridades catalanas impulsaron una operación de rescate y compra de este patrimonio. Se adquirieron altares, tallas de madera, frontales litúrgicos y, sobre todo, pinturas murales que fueron arrancadas de las paredes mediante una técnica conocida como strappo, que permite extraer solo la capa pictórica.
En total, se trasladaron más de 345 m² de pintura mural desde los Pirineos hasta Barcelona. Su destino era formar parte de una nueva gran colección de arte románico, pensada para instalarse en un edificio a la altura de su valor simbólico: el Palau Nacional de Montjuïc, construido para la Exposición Universal de 1929.
La colección de arte románico del MNAC se inauguró oficialmente en 1924 en el antiguo Museo de Arte y Arqueología del parque de la Ciutadella. Pero no fue hasta 1934 cuando se trasladó al Palau Nacional, donde permanece hasta hoy (con un paréntesis durante la Guerra Civil).
La exposición se convirtió en un símbolo de la cultura catalana, al mostrar un arte que hasta entonces había sido casi desconocido para el gran público. Sin embargo, no todo era celebración. Pronto comenzaron los cuestionamientos.
¿Estaba bien arrancar las pinturas de sus iglesias originales? ¿No se había roto el vínculo entre el arte y el lugar para el que fue creado? ¿Tenía sentido mostrar un arte profundamente religioso en un contexto museístico y urbano?
Estas preguntas siguen vigentes. Aunque la decisión se tomó hace más de cien años, el debate sobre el origen de la colección y su legitimidad continúa vivo, sobre todo en algunas comunidades que han reclamado la devolución de las obras.
Más allá del debate patrimonial, el MNAC ha tenido que enfrentarse a un reto aún más complejo: ¿cómo se expone en el siglo XXI un arte simbólico, religioso y fuera de contexto como el románico?
A diferencia de las pinturas de caballete, las pinturas murales no fueron pensadas para ser móviles. Estaban integradas en la arquitectura del templo, adaptadas a ábsides, bóvedas y columnas. Además, su valor estético estaba estrechamente vinculado a la experiencia de lo sagrado, al entorno natural y a la liturgia cristiana.
En el siglo XI, quien entraba en una iglesia sabía leer ese lenguaje: ángeles, apóstoles, monstruos, virtudes, pecados… Las imágenes eran una Biblia pintada. Hoy, ese código ya no es tan evidente para la mayoría de visitantes.
El MNAC lo sabe y, por eso, ha cambiado varias veces su manera de presentar estas obras. En algunas salas, las pinturas cuelgan como cuadros. Pero en otras —como las dedicadas a Sant Climent y Santa Maria de Taüll— se ha reconstruido el espacio original del templo, para que el visitante se acerque lo máximo posible a la experiencia medieval. Incluso se han usado proyecciones e iluminación especial para recuperar el sentido escenográfico del arte románico.
Más recientemente, la museografía ha optado por poner en valor el aspecto estético de las obras, más allá de su mensaje religioso. La idea es conectar con el visitante actual a través de la belleza, la emoción y el impacto visual, sin dejar de lado el contexto histórico y simbólico.
La colección de arte románico del MNAC no solo es la más emblemática del museo, sino una de las más completas de Europa. Pero también es una colección que nos obliga a pensar: sobre el papel de los museos, sobre la conservación del patrimonio, y sobre lo que perdemos cuando sacamos una obra de su lugar.






Plaza Cataluña esconde murallas medievales bajo tierra, marcas de la Guerra Civil y esculturas que pasan desapercibidas. Cinco secretos de la plaza más transitada de Barcelona.

El Barrio Gótico de Barcelona fue reconstruido en el siglo XX para parecer medieval. La historia de cómo se trasladaron edificios, se inventaron plazas y se creó un decorado gótico.

El Torno de los Expósitos fue el mecanismo con el que se recibían niños abandonados en el Raval de Barcelona. Su historia, la Casa de la Misericordia y qué queda hoy.

George Orwell llegó a Barcelona en 1936 para luchar en la Guerra Civil. Su experiencia en La Rambla, las trincheras y las Jornadas de Mayo inspiraron Homenaje a Cataluña.

En el monumento a Colón de Barcelona hay hojas de cannabis esculpidas en la columna. No es lo que parece: el cáñamo era imprescindible para la navegación. La historia completa.

La Sagrada Familia lleva más de 140 años en construcción. Por qué tarda tanto, qué falta por terminar, la fecha prevista y por qué Gaudí sabía que no la vería acabada.

Descubre qué ver en el Barrio Gótico de Barcelona con una ruta con audioguía gratis: recorrido por libre y a tu ritmo.

Con solo trece años, Eulalia desafió al Imperio romano y pagó con trece martirios brutales. Conoce la historia de la patrona de Barcelona.

Vive la arquitectura de Barcelona con todos los sentidos.

5 lugares terroríficos de Barcelona: la Vampira del Raval, los exorcismos de Verdaguer, los frailes del Liceu y los fantasmas de Rocafort.

Descubre qué ver en el Barrio Gótico de Barcelona con una ruta con audioguía gratis: recorrido por libre y a tu ritmo.
Usamos cookies para que la web funcione bien, se cargue rápido y podamos mostrarte contenido que te interese. ¿Nos das el OK? Puedes ajustar las opciones cuando quieras.