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5 historias macabras que esconde Barcelona

Una mujer conocida como la Vampira del Raval, los exorcismos de Jacint Verdaguer, los frailes que, según la leyenda, todavía rondan el Liceu, una casa encantada en Gràcia y un andén de la estación de Rocafort con fama de maldito: Barcelona tiene historias de miedo con una dirección concreta.

Desde Entrespacios te proponemos cinco paradas para este Halloween. Y si quieres seguir descubriendo relatos de este tipo, puedes venir a nuestro tour Mitos y Leyendas.

1. Joaquín Costa, 29: la Vampira del Raval

En febrero de 1912, una niña desapareció en Barcelona. Durante días, su nombre pasó de boca en boca: Teresita Guitart. Cuando una vecina creyó reconocerla tras una ventana, la policía llegó hasta una vivienda de la calle Ponent, hoy Joaquín Costa.

Allí encontraron a Teresita y a otra niña. Ese hecho fue real. Lo que vino después creció entre el miedo y los titulares: se habló de huesos, ungüentos, sangre y clientes de familias adineradas. La ciudad ya conocía la pobreza infantil y la tuberculosis; también circulaba la creencia de que la sangre humana podía curarla. En ese terreno, los rumores encontraron dónde echar raíces.

A Enriqueta Martí la llamaron la Vampira del Raval. Con los años, el apodo acabó cubriendo a la mujer entera: sus antecedentes, su vida privada y las acusaciones que nunca llegaron a probarse en un juicio. La historiadora Elsa Plaza ha señalado cuánto contribuyó la prensa a convertirla en un monstruo, mientras el secuestro de Teresita sí quedó documentado.

La leyenda promete una explicación monstruosa. El caso real deja una pregunta más difícil: qué le ocurrió a aquella niña durante los días que nadie pudo encontrarla.

Retrato de Enriqueta Martí, conocida como la Vampira del Raval, en una composición con estética de periódico antiguo.
Enriqueta Martí, la Vampira del Raval de Barcelona

2. Mirallers, 7: los exorcismos de Jacint Verdaguer

En el cuarto piso del número 7 del carrer dels Mirallers, Jacint Verdaguer tomaba nota mientras otros rezaban. No era una iglesia: era un piso donde, entre 1890 y 1892, el sacerdote y poeta asistió a exorcismos dirigidos por Joaquim Pinyol.

Las personas que acudían allí interpretaban ciertos comportamientos como señales de posesión. Verdaguer anotaba lo que oía: voces, insultos y nombres de demonios atribuidos a quienes participaban en las sesiones. A veces, los cuadernos parecen menos el registro de un ritual que el de una conversación imposible. Años después, aquellos apuntes se publicarían en Dimonis, editados y comentados por Enric Casasses.

Verdaguer no llegaba a Mirallers desde un mundo ajeno a la ciudad. Como capellán del marqués de Comillas, repartía limosnas y trataba de cerca con la pobreza barcelonesa. Su relación con el grupo y sus prácticas agravó los conflictos con las autoridades eclesiásticas; en 1893 lo enviaron al santuario de La Gleva.

El piso ya no es un lugar de sesiones ni está preparado para recibir visitantes. Pero queda una inquietud en esas páginas: Verdaguer escribía lo que creía escuchar. Y algunas voces todavía tienen nombre.

Composición con estética de periódico antiguo sobre Jacint Verdaguer y los exorcismos en la Casa d’Oració de Barcelona.
Jacint Verdaguer y los exorcismos de la Casa d’Oració de Barcelona

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3. El Liceu: la leyenda de los frailes y el teatro maldito

Antes de que hubiera ópera en la Rambla, hubo un convento de trinitarios descalzos. En julio de 1835, durante las bullangues, ardieron conventos de Barcelona y fueron asesinados religiosos. Años después, sobre el solar de aquel convento se levantó el Liceu, inaugurado en 1847.

Entonces empezó otra historia. Según la leyenda, los frailes nunca aceptaron que su antiguo hogar se convirtiera en teatro. Y cada tragedia pareció darles la razón.

El primer incendio llegó en 1861: comenzó en la sastrería y destruyó la sala y el escenario. En 1893, Santiago Salvador lanzó dos bombas en el patio de butacas; una estalló y mató a veinte personas. En 1994, otro incendio devastó el edificio. Son episodios documentados. La venganza de los frailes, en cambio, pertenece a la leyenda que los enlazó.

Quizá por eso prendió la historia de una amenaza hallada entre las cenizas: el teatro volvería a arder.

Pero los registros del incendio de 1861 señalan la sastrería como origen del fuego.

El Liceu fue reconstruido en el mismo solar. Bajo las lámparas y el terciopelo, la leyenda conserva su butaca.

Composición con estética de periódico antiguo del Gran Teatre del Liceu, con referencias a sus incendios y a la leyenda de los frailes fantasma.
La maldición del Gran Teatre del Liceu de Barcelona

4. Francesc Giner, 43: la casa encantada de Gràcia

La noche del 10 de febrero de 1935, una familia de Gràcia empezó a oír golpes en su casa. Luego llegaron los ruidos en las paredes, los objetos lanzados al suelo y los muebles que, según contaron sus habitantes, se movían sin que nadie los tocara. Vivían en el número 43 de la calle entonces llamada Francisco Giner.

El padre trabajaba como sereno. Mientras él estaba fuera, su familia decía que la casa se había vuelto imposible para dormir. Los vecinos se acercaron; después llegaron policías, periodistas y fotógrafos. La prensa bautizó al responsable invisible: un duende. Incluso aventuró que podía ser el mismo que había causado revuelo poco antes en Zaragoza.

La expectación quedó en una fotografía de Carlos Pérez de Rozas, conservada en el Arxiu Fotogràfic de Barcelona y reproducida por Història de Barcelona. En ella, la gente espera frente a la casa encantada, como si bastara con vigilar la puerta para descubrir qué había dentro.

Pero el duende no salió a recibir a nadie. Esa noche, según la crónica, no hizo de las suyas. La policía y los periodistas se marcharon; los golpes dejaron de ocupar las noticias.

En la fotografía, la puerta sigue cerrada.

Composición con estética de periódico antiguo de la casa encantada de Gràcia, en Barcelona.
La casa encantada de Gràcia en Barcelona

5. Rocafort: apariciones en el metro de Barcelona

Cuando Rocafort cierra sus puertas, los andenes quedan vacíos y solo siguen encendidas las cámaras de vigilancia. Pero la leyenda cuenta que, algunas noches, en uno de los monitores aparece una figura caminando junto a las vías. Quien baja a comprobarlo no encuentra a nadie; al volver a mirar la pantalla, la figura sigue avanzando.

Con los años, a esa presencia se sumaron otras historias: trabajadores que preferían no quedarse solos en la estación y un niño que jugaba con una pelota entre los andenes. También se habló de una oleada de suicidios, aunque TMB aseguró que ese rumor no tenía fundamento.

Rocafort abrió en 1926 y, durante la Guerra Civil, sirvió de refugio antiaéreo. Quienes corrían a protegerse no siempre llegaban a tiempo. Tal vez por eso, cuando el último tren se marcha, cuesta no imaginar que alguien sigue esperando en el andén.

Si te interesa seguir explorando las leyendas de Barcelona, en nuestro tour Mitos y Leyendas recorremos el centro histórico y hablamos de la peste, la Inquisición y las historias que siguen ligadas a sus calles. Consulta las próximas fechas en la web de Entrespacios.

Andén y tren de la estación de Rocafort, con estética de fotografía antigua, para ilustrar las leyendas de fantasmas del metro de Barcelona.
Los fantasmas de la estación de metro de Rocafort en Barcelona

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