Plataneros de Barcelona: historia del árbol que da alergia

Hay árboles que simplemente decoran una ciudad, y otros que la definen. En Barcelona, ese papel lo ocupa el plátano de sombra. Su presencia es tan constante en calles y avenidas que cuesta imaginar la ciudad sin esa bóveda verde que aparece cada verano.

Pero lo que hoy parece natural es, en realidad, el resultado de una decisión muy concreta tomada en el siglo XIX. Una elección urbanística que no solo transformó el paisaje, sino también la forma de vivir la ciudad. Esta es la historia de los plataneros de Barcelona: de cómo llegaron, por qué se plantaron en masa y por qué hoy, por primera vez en más de un siglo, su presencia está en cuestión.

Qué es el platanero de sombra y por qué Barcelona lo eligió

El plátano de sombra (Platanus × hispanica) no es un árbol cualquiera. Es un híbrido, resultado del cruce entre el plátano oriental (Platanus orientalis) y el americano (Platanus occidentalis). No existe como especie silvestre: es, desde su origen, un árbol pensado para ser cultivado.

Puede alcanzar entre 30 y más de 50 metros de altura, con un tronco recto y una copa amplia que se expande como un techo vegetal. La corteza, que se desprende en placas irregulares, deja ver tonos verdosos debajo. Sus hojas, grandes y lobuladas, recuerdan a las del arce, mientras que sus frutos —esas bolas que cuelgan en invierno— esconden miles de semillas recubiertas de finísimos pelos.

Pero lo que realmente convirtió al plátano en el árbol ideal para la ciudad no fue su estética, sino su resistencia. Tolera la contaminación, soporta podas intensivas y crece con rapidez. En el contexto de una ciudad industrial en expansión, estas cualidades eran fundamentales. Además, ofrecía algo que en el siglo XIX tenía un valor casi higiénico: sombra densa en verano que transformaba calles enteras en espacios habitables, y en invierno, al perder la hoja, permitía el paso de la luz solar. Era, en muchos sentidos, el árbol perfectamente adaptado a las necesidades de la ciudad moderna.

Vista de La Rambla en Barcelona con sus farolas características, uno de los paseos más conocidos y turísticos del centro de la ciudad.
La Rambla de Barcelona: Fotografía de Ronny Siegel, Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY 4.0.

1859: Cerdà planta los plataneros del Eixample

ara entender por qué Barcelona está llena de plataneros, hay que volver a 1859. Ese año, Ildefons Cerdà presenta su plan para el Eixample, el gran proyecto de expansión de la ciudad más allá de las murallas medievales.

Cerdà no pensaba solo en calles y edificios. Su proyecto era profundamente higienista. En una ciudad marcada por la insalubridad y la densidad extrema, el aire y la ventilación eran cuestiones de salud pública. Y en ese contexto, los árboles tenían un papel central. En su memoria lo dejó por escrito: las plantaciones eran indispensables para sanear el terreno y purificar la atmósfera.

Inspirado en los bulevares de París, decidió que todas las nuevas calles debían estar arboladas, con árboles plantados a intervalos regulares de aproximadamente ocho metros. Y eligió el plátano de sombra como especie principal. No fue una decisión arbitraria: el plátano crecía rápido, resistía condiciones adversas y ofrecía una sombra continua. Lo que Cerdà no podía prever —aunque se descubriría con el tiempo— es que también actuaba como filtro frente a las partículas contaminantes de la industria.

Así nació el paisaje que hoy identificamos con Barcelona: alineaciones homogéneas de plataneros que avanzan manzana a manzana, creando esa sensación de ciudad sombreada y ordenada que distingue el Eixample de cualquier otro barrio.

Detalle del proyecto original del Eixample de Barcelona diseñado por Ildefons Cerdà en 1859, que define la estructura urbana en cuadrícula de la ciudad
Plano del Eixample de Barcelona (Plan Cerdà, 1859): Plano de Ildefons Cerdà (1859), reproducción digital. Dominio público. Fuente: Wikimedia Commons.

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Cómo el platanero conquistó La Rambla, el Eixample y los barrios obreros

Aunque solemos asociar los plataneros al Eixample, su presencia en Barcelona es anterior. Los plátanos de sombra comenzaron a plantarse de forma sistemática a partir de 1859 en espacios como La Rambla y el Passeig de Gràcia, y crecieron al mismo ritmo que el nuevo Eixample. Gran Via, Diagonal y Passeig de Gràcia se diseñaron como grandes avenidas arboladas, favorecidas entonces por calles aún sin asfaltar que permitían a las raíces expandirse con facilidad.

Su impacto fue mucho más allá del paisaje. La sombra de los plataneros hizo más habitable la ciudad y cambió la relación de los barceloneses con el espacio público. Caminar, sentarse o pasar tiempo en la calle durante el verano empezó a formar parte de la vida cotidiana. Con el tiempo, estos árboles también acabaron convirtiéndose en una imagen característica de Barcelona, presentes en fotografías, pinturas y postales desde finales del siglo XIX.

Hacia 1990 se calcula que había unos 60.000 plataneros en Barcelona, cerca de un tercio del arbolado urbano. Sin embargo, el asfaltado y la falta de espacio acabaron afectando a muchos ejemplares, impulsando las actuales políticas de diversificación. Aun así, resulta curioso que hoy muchos barceloneses perciban los plataneros como algo tradicional, cuando en realidad su presencia masiva responde a una decisión urbanística relativamente reciente que terminó integrándose en la imagen de la ciudad.

Vista del Passeig de Gràcia en Barcelona, una de las principales avenidas de la ciudad, conocida por su arquitectura modernista y su importancia urbana y comercial.
Passeig de Gràcia en Barcelona: Fotografía de Celsoazevedo, Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY 4.0.

Alergia, pelusa y polen: el problema que Cerdà no anticipó

Si hay algo que ha puesto en cuestión el papel del plátano de sombra en Barcelona en las últimas décadas, es su impacto en la salud.

Cada primavera, entre marzo y abril, estos árboles liberan grandes cantidades de polen en una polinización breve pero intensa. Para las personas alérgicas, el resultado son síntomas conocidos: estornudos, congestión nasal, picor de ojos, problemas respiratorios.

Pero el fenómeno más visible llega un poco después. En mayo, cuando el polen ya ha desaparecido, los frutos del plátano se deshacen y liberan una pelusa formada por finísimos pelos que invade aceras y terrazas. Estos pelos no son polen, pero resultan altamente irritantes: provocan picor, tos e irritación ocular incluso en personas sin alergia diagnosticada. Es una molestia mecánica, no inmunológica, pero su efecto es inmediato y muy perceptible.

Esta confusión — mucha gente cree que es alérgica a los plataneros cuando en realidad reacciona a la pelusa — ha contribuido a consolidar la percepción de que el árbol «da alergia» durante meses, cuando en realidad son dos fenómenos distintos con calendarios diferentes.

Frutos secos y brotes nuevos del platanero (Platanus × hispanica) en el Jardin des Plantes de París, especie urbana común en ciudades europeas como Barcelona.
Frutos y brotes del platanero: Fotografía de Moonik, Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons CC BY-SA 3.0.

¿Desaparecerán los plataneros de Barcelona?

La respuesta corta es: no del todo, pero sí de forma progresiva y deliberada.

El Ayuntamiento de Barcelona lleva años aplicando una política de diversificación del arbolado urbano. El objetivo es reducir la presencia del plátano de sombra hasta que represente solo el 15% del total de los aproximadamente 206.000 árboles de la ciudad — frente al tercio que llegó a representar en los años noventa. Las especies que lo sustituyen son almeces, sóforas y tipuanas, con menor impacto alergénico y mayor diversidad ecológica.

En espacios emblemáticos como La Rambla o el Passeig de Gràcia, los plataneros seguirán. Son ya patrimonio urbano, parte de la imagen de la ciudad que ninguna administración va a tocar fácilmente. Pero en las calles ordinarias del Eixample y Sant Martí — los dos distritos con mayor concentración — la sustitución ya está en marcha.

Es una ironía histórica perfecta: el árbol que Cerdà eligió en 1859 para construir la ciudad saludable del futuro es hoy uno de los principales problemas de salud ambiental de esa misma ciudad. Y su retirada progresiva forma parte de una nueva idea de ciudad que, como siempre, se construye sobre las decisiones del pasado.

Platanero (Platanus × hispanica) en otoño: Fotografía de Luis Miguel Bugallo Sánchez (Lmbuga), Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 4.0.

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