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Cada septiembre, Barcelona se prepara para su gran fiesta mayor. Las calles se llenan de gigantes y cabezudos, los castells levantan torres humanas, los correfocs llenan de fuego las noches y cientos de actividades ocupan plazas, parques y edificios de toda la ciudad.
Todo gira alrededor del 24 de septiembre, día de la Virgen de la Mercè, patrona de Barcelona.
Pero ¿por qué la Mercè es la patrona de Barcelona? Su historia nos lleva hasta la Barcelona medieval, una orden religiosa dedicada a liberar cautivos y, siglos después, una enorme plaga de langostas que puso en peligro las cosechas de la ciudad.
Para entender cómo la Mercè llegó a ocupar ese lugar, tenemos que conocer la historia de su culto y cómo fue cambiando su relación con Barcelona a lo largo de los siglos.

La Virgen de la Mercè es la patrona de Barcelona y la figura central de la gran fiesta mayor de la ciudad, que se celebra alrededor del 24 de septiembre. Una patrona es una figura religiosa que una ciudad reconoce como protectora.
Pero la Mercè no fue la primera figura religiosa vinculada al patronazgo de Barcelona. Santa Eulàlia, una joven mártir cristiana que, según la tradición, fue la primera patrona de la ciudad, ya tenía un culto muy arraigado. Santa Madrona, otra mártir cristiana cuyo culto tuvo una gran importancia durante siglos, también estuvo vinculada a la tradición religiosa de Barcelona.
La Virgen de la Mercè se incorporó después a esta historia. Su devoción está vinculada a la Orden de la Merced, fundada en Barcelona en 1218 y dedicada a la redención de cautivos. La palabra merced significa gracia o favor y está relacionada con la misión de esta orden religiosa.
Con el paso del tiempo, el culto a la Mercè fue adquiriendo cada vez más importancia en la ciudad. Un episodio ocurrido en 1687 reforzó especialmente esa relación y acabó convirtiéndose en uno de los momentos fundamentales de su historia como patrona de Barcelona.

En la Barcelona del siglo XIII, el Mediterráneo era un espacio de comercio, pero también de guerras, incursiones y capturas. La cautividad era una realidad frecuente: las personas apresadas durante los conflictos podían terminar como prisioneros y sus familias tenían que reunir dinero para conseguir su liberación.
En este contexto nació en Barcelona la Orden de la Merced, fundada en 1218 por Pedro Nolasco. Su misión era ayudar a liberar a los cristianos cautivos. Los mercedarios podían incluso ofrecerse ellos mismos a cambio de los prisioneros cuando no había otra manera de conseguir su libertad.
Según la tradición religiosa, en 1218 la Virgen se apareció a Pedro Nolasco, al rey Jaime I de Aragón y a Raimundo de Peñafort y les pidió fundar una orden dedicada a la redención de cautivos.
La aparición pertenece al terreno de la tradición y no puede demostrarse históricamente. Lo que sí sabemos es que la Orden de la Merced fue fundada en Barcelona en 1218 y que durante siglos sus miembros participaron en la redención de cautivos en diferentes territorios del Mediterráneo.
La relación entre la orden y Barcelona fue consolidando el culto a la Virgen de la Merced. Pero todavía faltaban varios siglos para que ese culto se relacionara directamente con el patronazgo de la ciudad.
El momento decisivo llegó en 1687.





En 1687, una enorme plaga de langostas afectó Barcelona.
Para una sociedad que dependía directamente de las cosechas, una plaga de este tipo podía ser devastadora. Las langostas podían destruir los cultivos y provocar escasez de alimentos y graves pérdidas económicas.
Ante desastres que no podían controlar, las sociedades de la época recurrían también a la religión. Rogativas, procesiones y promesas colectivas formaban parte de la manera en que las comunidades pedían protección frente a epidemias, sequías, malas cosechas o plagas.
En Barcelona, los habitantes se encomendaron a la Virgen de la Mercè y, según la tradición, atribuyeron a su protección el fin de la plaga. A raíz de este episodio, el Consell de Cent la declaró patrona de la ciudad y pidió a la Santa Sede que confirmara este título.
La relación entre Barcelona y la Mercè quedó así reforzada, pero este nombramiento todavía no equivalía al reconocimiento oficial de la Iglesia. De hecho, durante las décadas siguientes continuó existiendo una fuerte tradición vinculada a Santa Eulàlia y a otros santos venerados como protectores de la ciudad.
Por eso, 1687 es una fecha fundamental, pero no es todavía el final de la historia. Para entender cuándo la Mercè pasó a ser oficialmente la patrona de Barcelona, tenemos que avanzar hasta el siglo XIX.

Aunque el Consell de Cent había declarado a la Mercè patrona de la ciudad en 1687, el reconocimiento oficial por parte de la Iglesia llegó mucho después.
En 1868, el papa Pío IX autorizó que la Virgen de la Mercè fuera instituida como patrona de Barcelona y de su diócesis. La autorización llegó después de varios meses de gestiones en las que participaron tanto el obispado como el Ayuntamiento y representantes de la ciudad.
Así que podemos distinguir dos momentos fundamentales:
En otras palabras, en 1687 comienza una nueva etapa en la relación entre Barcelona y la Mercè, pero no es hasta 1868 cuando su patronazgo recibe el reconocimiento oficial de la Iglesia.
Pero entonces, ¿qué pasó con Santa Eulàlia?
Cuando se inició el proceso para reconocer oficialmente a la Mercè como patrona, Santa Eulàlia seguía teniendo ese vínculo histórico con la ciudad. Por eso, desde Barcelona se pidió que la Mercè pudiera ser reconocida como patrona sin que Santa Eulàlia perdiera ese título.
La petición fue rechazada y la Mercè quedó establecida como patrona oficial de Barcelona. Santa Eulàlia, sin embargo, no desapareció de la vida religiosa ni de la memoria de la ciudad: su culto continuó y su fiesta se sigue celebrando cada febrero.
Y de este cambio nació una de las leyendas más conocidas de Barcelona.

Hay una conocida leyenda barcelonesa que dice que, cuando llueve durante las fiestas de la Mercè, son las lágrimas de Santa Eulàlia.
Según la historia, la antigua patrona estaría triste porque la Mercè le ha quitado protagonismo. Por eso, cuando llega septiembre, Eulàlia llora sobre Barcelona y termina mojando las fiestas.
La leyenda está directamente relacionada con la historia de las patronas de Barcelona. Santa Eulàlia había ocupado durante siglos un lugar central en la tradición religiosa de la ciudad, pero la Mercè fue ganando protagonismo hasta convertirse en la patrona oficial y en la figura principal de la fiesta de septiembre. La leyenda convierte ese cambio en una historia fácil de recordar: Santa Eulàlia llora porque ha perdido su lugar frente a la Mercè.
Santa Eulàlia conserva, además, su lugar en la tradición de Barcelona y celebra su fiesta en febrero. Si quieres conocer su historia con más detalle, puedes leer nuestro artículo sobre Santa Eulàlia, la antigua patrona de Barcelona.

La Mercè comenzó como una celebración religiosa, pero hoy es mucho más que eso. Durante varios días, Barcelona se llena de actividades relacionadas con la cultura popular, espectáculos y conciertos en diferentes espacios de la ciudad.
La fiesta comienza oficialmente con el pregón y, a partir de ahí, se suceden algunas de las tradiciones más conocidas de la ciudad: castells, gegants i capgrossos, correfocs, desfiles del Seguici Popular y otras manifestaciones de cultura popular catalana.
También hay espectáculos de calle y conciertos gratuitos con artistas y grupos de diferentes estilos.
Si estás buscando qué hacer durante la Mercè, qué conciertos hay, dónde son las actividades o cuáles son los horarios, aquí puedes consultar y descargar la programación completa:
Revisa aquí el Programa de la Mercè 2026
La programación puede sufrir cambios, así que conviene comprobar los horarios y posibles modificaciones antes de acudir a una actividad.





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