
Historia de la Sagrada Familia: por qué se construyó y cómo llegó Gaudí (1/3)
¿Por qué se construyó la Sagrada Familia? La historia del templo desde la idea de Bocabella hasta la llegada de Gaudí, en la Barcelona de la Revolución Industrial.
El 11 de septiembre de 1714, después de catorce meses de asedio, las tropas de Felipe V entraron en Barcelona. La ciudad había resistido en nombre del archiduque Carlos de Austria hasta que el ejército borbónico consiguió abrir varias brechas en las murallas y tomarla por la fuerza. La caída de Barcelona puso fin al último gran episodio de la Guerra de Sucesión española, un conflicto europeo que había comenzado trece años antes por una cuestión que terminó afectando a buena parte del continente: quién ocuparía el trono de la monarquía hispánica.
Más de tres siglos después, todavía quedan muchos lugares relacionados con aquella historia. Si este 11 de septiembre quieres hacer un plan diferente por Barcelona, aquí tienes cinco lugares que puedes visitar para conocer qué ocurrió en 1714 y cómo cambió la ciudad después de la derrota.

Cada 11 de septiembre se celebra en Cataluña la Diada Nacional de Catalunya, una fecha que recuerda la caída de Barcelona durante la Guerra de Sucesión. No se conmemora una victoria, sino una derrota: el 11 de septiembre de 1714 las tropas de Felipe V consiguieron entrar en la ciudad después de catorce meses de asedio y, al día siguiente, Barcelona capituló.
La Guerra de Sucesión había comenzado en 1701, después de la muerte sin descendencia de Carlos II, el último rey de la dinastía de los Austrias. El conflicto enfrentó a Felipe de Anjou, apoyado por Francia, y al archiduque Carlos de Austria, respaldado por varias potencias europeas. Cataluña se posicionó mayoritariamente a favor del archiduque y, en 1705, firmó con Inglaterra el Pacto de Génova, por el que los ingleses se comprometían a defender las leyes y las instituciones catalanas. Cuando los aliados abandonaron Cataluña en 1713, las instituciones catalanas decidieron continuar la resistencia y Barcelona quedó sitiada hasta la derrota del 11 de septiembre.
La victoria de Felipe V tuvo consecuencias tanto políticas como urbanas. Se abolieron la Generalitat, el Consell de Cent y las Cortes catalanas, y se implantó un nuevo modelo político y administrativo. En Barcelona, además, Felipe V ordenó construir la Ciutadella sobre parte del barrio de la Ribera, lo que provocó el derribo de más de un millar de viviendas y el desplazamiento de miles de vecinos.
La fecha comenzó a recuperarse como jornada de memoria y reivindicación durante la Renaixença, en el siglo XIX, y volvió a celebrarse públicamente durante la Transición. En 1980, el Parlament de Catalunya restablecido la declaró oficialmente Diada Nacional de Catalunya. Más de tres siglos después, Barcelona todavía conserva muchos lugares relacionados con aquellos acontecimientos.

Dónde: Ronda de Sant Pere, junto a la calle Alí Bei.
Rafael Casanova era el conseller en cap del Consell de Cent, la institución que gobernaba Barcelona. Durante el asalto final del 11 de septiembre participó en la defensa de la ciudad y fue herido en el frente de Sant Pere mientras llevaba el estandarte de Santa Eulàlia. Aquí conviene aclarar una cosa que todavía se repite con frecuencia: Casanova no murió durante la batalla. Se recuperó de sus heridas, volvió a ejercer como abogado y murió en Sant Boi de Llobregat en 1743.
El monumento que vemos hoy es obra del escultor Rossend Nobas y fue inaugurado en 1888. Durante las dictaduras fue retirado y finalmente volvió a instalarse en 1977. Desde entonces se ha convertido en uno de los lugares más conocidos de la Diada y cada 11 de septiembre recibe ofrendas florales de instituciones y entidades.
Es un buen primer punto porque permite empezar por uno de los personajes más conocidos de la defensa de Barcelona y explicar qué ocurrió durante aquel último día de combate.





Dónde: Plaça Comercial, 12.
Desde la Ronda de Sant Pere podemos caminar hasta el Born, donde encontramos uno de los lugares que mejor permiten hacerse una idea de cómo era Barcelona antes de la derrota. Bajo la estructura de hierro del antiguo mercado se conservan los restos del barrio de la Ribera tal como era a comienzos del siglo XVIII. El yacimiento apareció durante las obras realizadas en 2002 y conserva calles, casas, talleres, tiendas y parte del antiguo trazado del Rec Comtal.
Lo interesante es que no estamos ante una reconstrucción de la Barcelona de 1714, sino ante los restos de la ciudad que existía realmente antes de la construcción de la Ciutadella. Después de la derrota, buena parte de este barrio fue derribada para levantar la fortaleza ordenada por Felipe V. El yacimiento permite ver, literalmente, qué parte de aquella Barcelona desapareció después de la guerra.
El antiguo mercado del Born abrió como centro cultural en 2013 y actualmente forma parte del Museu d’Història de Barcelona. El acceso al yacimiento y a las exposiciones depende de la modalidad de visita, por lo que conviene consultar previamente horarios y condiciones de entrada. Si nunca has entrado, es probablemente una de las paradas más interesantes de esta ruta.

Dónde: junto a la basílica de Santa Maria del Mar.
A pocos minutos del Born encontramos el Fossar de les Moreres, uno de los espacios más conocidos de Barcelona relacionados con 1714. El lugar era originalmente el cementerio de la parroquia de Santa Maria del Mar y, con el tiempo, quedó vinculado a los defensores muertos durante el asedio.
Aquí, sin embargo, conviene separar la historia de la tradición. No existe documentación que permita confirmar que los combatientes muertos durante la defensa de Barcelona fueran enterrados específicamente en este lugar. La relación entre el Fossar y los caídos de 1714 se consolidó sobre todo durante la Renaixença, cuando la derrota comenzó a recuperarse como parte de la memoria histórica catalana.
La plaza actual fue remodelada por la arquitecta Carme Fiol en 1989. El pavimento rojo y el pebetero con una llama permanente transformaron el antiguo cementerio en el espacio que conocemos hoy. En uno de los muros pueden leerse unos versos de Frederic Soler, conocido como Pitarra, dedicados a quienes murieron durante el asedio.
Además, está justo al lado de Santa Maria del Mar y del Born, así que encaja perfectamente en la ruta sin necesidad de hacer grandes desplazamientos.

Dónde: Plaça de Pau Vila, junto al puerto.
La historia de 1714 tampoco terminó cuando las tropas borbónicas entraron en Barcelona. Para algunos de los derrotados, la represión continuó durante los años siguientes, y uno de los casos más conocidos fue el de Josep Moragues, militar austracista y uno de los principales dirigentes de los Miquelets. Después de la caída de la ciudad intentó escapar hacia Mallorca, pero fue detenido.
Moragues fue ejecutado en Barcelona el 27 de marzo de 1715. Su cuerpo fue descuartizado y su cabeza quedó expuesta dentro de una jaula de hierro en el Portal de Mar, como escarmiento y advertencia para quienes pudieran continuar la resistencia. Permaneció allí durante doce años, hasta 1727, a pesar de las peticiones de su viuda para que fuera retirada.
Hoy, en la zona de la actual Plaça de Pau Vila, un mástil con una placa recuerda a Moragues y permite localizar aproximadamente el lugar donde estuvo expuesta su cabeza. Es un punto fácil de pasar por alto, especialmente porque la plaza tiene hoy un aspecto completamente distinto al que tenía en el siglo XVIII, pero está a pocos minutos del Born y permite añadir a la ruta una parte de la historia que ocurrió después de la caída de Barcelona.

Dónde: Plaça de Sant Jaume.
Para terminar la ruta podemos acercarnos a la Plaça de Sant Jaume. En el Palau de la Generalitat se reunió en 1713 la Junta de Braços, una asamblea formada por los tres estamentos de las Cortes catalanas. Allí se debatió si Cataluña debía aceptar la derrota o continuar resistiendo y, el 6 de julio, se decidió seguir la guerra.
La decisión se tomó en un momento especialmente complicado. El Tratado de Utrecht había dejado a Cataluña prácticamente sola y las potencias que habían apoyado al archiduque habían decidido abandonar el conflicto. Aun así, la Junta de Braços optó por continuar la resistencia y Barcelona quedó sometida al largo asedio que terminaría en septiembre de 1714.
El edificio conserva espacios como el Pati dels Tarongers, el Saló de Sant Jordi o la Capella de Sant Jordi y puede visitarse en determinadas jornadas de puertas abiertas, normalmente con inscripción previa. Si coincide con una de esas fechas, es una buena oportunidad para entrar en el edificio donde se tomó la decisión de continuar la guerra y cerrar aquí el recorrido.
Desde el Palau, además, estamos de nuevo en el centro de Barcelona, así que podemos terminar el paseo en la Plaça de Sant Jaume, tomar algo por el Gòtic o continuar caminando por Ciutat Vella. Al final, esa es una de las cosas interesantes de recorrer Barcelona con la historia en mente: muchos de los lugares por los que pasamos cada día tienen detrás episodios que explican cómo llegó a ser la ciudad que conocemos hoy.






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