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En una pequeña calle del Barrio Gótico, casi oculta entre tiendas de recuerdos y bares con encanto, se esconde uno de los secretos mejor guardados de la Barcelona antigua: cuatro columnas romanas que pertenecieron a un majestuoso templo del siglo I.
Sí, en medio de los callejones medievales y las iglesias góticas, aún se conserva un pedazo de la Barcelona romana, cuando la ciudad se llamaba Barcino y era solo una colonia del vasto Imperio. Estas columnas no están en un museo, ni detrás de una vitrina, sino en un patio interior al que puedes entrar libremente, si sabes dónde buscar.
Hoy te cuento la historia de estas columnas, qué hacían ahí y por qué su redescubrimiento en el siglo XIX nos revela tanto sobre cómo Barcelona ha construido su historia sobre sus propias ruinas.

Antes de las catedrales, antes de los gremios medievales, antes incluso de la muralla gótica… Barcelona era Barcino, una colonia romana fundada probablemente entre los años 10 y 15 a.C. Su ubicación, estratégica entre el mar y la montaña, la hacía perfecta para controlar el territorio de los layetanos y expandir la presencia imperial en Hispania.
Aunque pequeña, Barcino tenía todo lo necesario: calles rectas siguiendo el modelo del campamento romano, una muralla, termas, un acueducto, y cómo no, un foro. Y como toda buena ciudad romana, el foro tenía su templo principal. En este caso, uno dedicado al culto imperial.

El templo cuyas columnas hoy sobreviven fue construido hacia finales del siglo I d.C. y estaba dedicado a César Augusto, el primer emperador de Roma. En esa época, era común que los emperadores fallecidos fueran divinizados, y levantar templos en su honor era una forma de mostrar lealtad al Imperio.
Este templo presidía el foro de Barcino, que se encontraba justo en el centro de la ciudad romana, en el cruce entre el cardo y el decumanus —las dos vías principales. Era, por tanto, un edificio simbólicamente central.
Y aunque solo han llegado hasta nosotros cuatro columnas, el templo original debió de ser bastante imponente para los estándares de una colonia como Barcino. Una especie de recordatorio en piedra de quién mandaba realmente, aunque estuvieras a miles de kilómetros de Roma.




A lo largo de los siglos, Barcino dejó de ser romana para convertirse en medieval, y luego moderna. Las piedras del templo fueron reutilizadas, tapadas, derribadas o directamente olvidadas. El crecimiento de la ciudad, los cambios urbanísticos y las construcciones posteriores fueron enterrando este pasado.
Pero tres de esas columnas, sorprendentemente, sobrevivieron durante siglos escondidas dentro de un edificio cualquiera en la calle del Paradís. Imagínate vivir con tres columnas romanas de más de 2.000 años en el salón de tu casa… sin saberlo.
Fue recién a finales del siglo XIX cuando, durante unas obras, se redescubrieron estas columnas y se identificaron como parte del antiguo Templo de Augusto. El hallazgo despertó el interés de arqueólogos y aficionados a la historia, y se decidió conservarlas y hacerlas visibles al público.

Hoy en día puedes ver estas cuatro columnas (una más fue añadida posteriormente al conjunto) en un pequeño patio interior ubicado en el número 10 de la calle del Paradís, dentro de la sede del Centro Excursionista de Cataluña.
No hay entrada ni taquilla. Solo una puerta que da paso a un estrecho pasillo, y al final… ahí están. Altísimas, de piedra, sorprendentes. Y completamente fuera de lugar, pero precisamente por eso tan especiales.
Lo que más impresiona no es solo su antigüedad, sino el hecho de que sobrevivieran en silencio mientras la ciudad crecía a su alrededor. Es uno de esos lugares donde el pasado y el presente se rozan sin estridencias. Muchos pasan de largo. Otros las descubren por casualidad y se quedan boquiabiertos.






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